Visiones desde el taxi, por Cencibel


¡Qué día tan soleado! Un día nieva, al siguiente en mangas de camisa ¡No hay quien lo entienda! Y todavía dice un amigo mío que eso del cambio climático es una patraña. Un día de estos le voy a meter un barómetro por el culo. A ver si empieza a enterarse. Le tengo miedo al deshielo de los casquetes polares, lo reconozco. Escucho demasiados programas radiofónicos, mezclan poltergeist con ecologismo, y así uno acaba pensando que existe un gran ente energético que vendrá de la otra dimensión a inundar nuestros montes y valles, y el Apocalipsis y tal.
...Decanta el caldo

Con el día tan cojonudo que hace y me vuelvo a subir al taxi. Hoy podría haber aprovechado para dar una vuelta, irme al trabajo en autobús, pero es superior a mis fuerzas, es coger el periódico y ya parece estar llamándome ¿Por qué no harán bono-taxis? Nos ahorraríamos una pasta y ellos sacarían más tajada. Aunque bueno, a lo mejor no. Escuché una vez, hace meses, a un taxista defendiendo sus tarifas. Decía que el taxi siempre ha sido un bien de lujo, y que, más o menos, quien no tuviera un puto duro no tenía derecho histórico a quejarse. ¡Muy bien dicho, campeón! Que si no fuera por los pringados a los que no les queda más remedio, o por los pringados que nos gusta ir recostados y mullidos en el asiento de atrás...¡De los marqueses ibas a vivir tú! ¡Por los cojones! ¡A ver si aprueban la ley esa, para que las grandes compañías absorban el negocio, suban a sus taxis a hindúes, pakistaníes, argelinos, ecuatorianos...¡Todos al volante con su turbante, que no te deje ver la carretera! ¡A ver si entonces bajáis o no las tarifas!

Lo mejor que tienen los taxistas es que, excepto por las mañanas, el resto del día tienen puestos programas de fútbol en la radio. Es cojonudo. El fútbol acabará salvando a este país. Es de lo único que se puede discutir sin joderla. Hasta los madridistas más acérrimos entendemos que el Barcelona juega cuatrocientas veces mejor al fútbol que la pléyade de abuelotes acabados, millonarios e hijos de puta amariconados que tenemos como equipo.

La culpa la tiene el Florentino- me dice el taxista-, suputamadre con lo del dinero. No quiere más que vender camisetas. Para él la vida consiste en vender y vender, y hacer casas y más casas. ¿Y qué pasa con los aficionados? ¡Esto ya ni es deporte ni es ná! Qué razón tiene usted- le digo, porque aquí somos educados de cojones-, que el Florentino lo que quiere es abrir la primera sede del “madrí” en Oriente Medio, en Bagdad, y estaba compinchado con el Aznar para reconstruir medio país él solito. Si será verdad y todo- se ríe el taxista-. Yo no soy de ningún partido- continúa-, pero a mí es que ése hombre no me caía bien, se lo digo como lo siento.

Hala mira-dice de repente el taxista-. Y observo que está mirando a una escolapia de uniforme que atravesaba el paso de cebra. No digo nada y él no explica qué quiere decir con el “hala mira”. ¿Te gustaría follarte a la jovencita? ¿Se trata de eso? No creo que hayamos llegado a tal punto de relajación, así que no le digo si yo también me la encularía a gusto.

Parecía una chica más. Con su faldita plisada, su blusita y sus medias. Iba fumando y entonces me llamó la atención. Andaba renqueante, como si cargara un peso excesivo para su edad, y no llevaba mochila. Llevaba el pitillo por el filtro y lo consumía a chupetones profundos. Tenía el pelo recogido en una coleta y no tendría más de diecisiete años. Pero, ¡hostias!, gestualizaba como una mujer de cuarenta. En vez de ir al colegio, pareciera ir a recoger a sus propios hijos.

Fue un momento turbio y extraño. La chica no era precisamente guapa ni estilizada. Así que sigo preguntándome qué coño querría decir el taxista con lo de “hala, mira”. Quizá fuera su propia hija. A mí sigue resultándome chocante ver a niños comportarse como adultos. Me parece una de las mayores depravaciones de esta mierda de sociedad. Aquella niña llevaba una navaja bajo las bragas.

lunes, febrero 27, 2006


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